sábado, 3 de septiembre de 2011

sobre dios

La existencia de Dios ha movido a millones de pesonas a través de su vida… hay muchos elementos de juicio, religión no tiene nada que ver con folklore ni agnosticismo que es a lo que te refieres… Basta ser padre y presenciar el milagro de la vida para darse cuenta de la presencia de Dios o cuando tienes un enfermo y yo, que me considero hombre de ciencia, observar el milagro de su curación casi espontánea sin que medie la mano de la ciencia… muchos han tomado el camino de la religión para enriquecerse o hacerse “grandes”…esa no es la verdadera religón, nosotros los creyentes somos la iglesia… los que la dirigen son solo eso, un medio que tiene Dios para hacer llegar su palabra y sus enseñanzas…Silvio Rodríguez no es la persona másadecuada para hablar ni a favor ni en contra de la religión, es un ser que ha vivido toda su vida bajo la doble moral del mal llamado socialismo de Cuba, se ha burlado de todos y de todo pero además tiene sus manos manchadas de sangre inocente: solo recuerda la carta que firmó apoyando el fusilamiento de los tres muchachos que se robaron la lanchita de Regla….
La ciecia y Dios no se contraponen, esto lo conservo de un escrito acerca de Religión y Ciencia de Catholic.net:
Copérnico, astrónomo polaco (1473-1543) que probó la esfericidad de la tierra, expuso sus movimientos y la rotación
de todo el sistema solar y defendió antes que Galileo el heliocentrismo, dijo: “Si existe una ciencia que eleve el alma del
hombre y la remonte a lo alto en medio de las pequeñeces de la tierra, es la Astronomía…, pues no se puede
contemplar el orden magnífico que gobierna el universo sin mirar ante sí y en todas las cosas al Creador mismo, fuente
de todo bien”.
Galileo Galilei, astrónomo y físico italiano (1564-1642) a quien muchos científicos, incluso ateos, consideran uno de los
símbolos del “hombre de ciencia”, murió profesando su fe en Dios y en la Iglesia católica, apostólica y romana.
Kepler, astrónomo alemán (1571-1630), que formuló las leyes que llevan su nombre, a pesar de haber llevado una vida
muy desgraciada, escribe: “Te doy gracias, Dios Creador, porque me has concedido la felicidad de estudiar lo que Tú
has hecho, y me regocijo de ocuparme de tus obras. Me ha cabido el honor de mostrar a los hombres la gloria de tu
Creación, o, por lo menos, de aquella parte de tu infinito reino que ha sido accesible a mis escasas luces”; y también:
“Día vendrá en el que podremos leer a Dios en la Naturaleza como lo leemos en las Sagradas Escrituras”; “Ahora yo he
terminado la obra de mi profesión, habiendo empleado todas las fuerzas del talento que tú me has dado; he
manifestado la gloria de tus obras a los hombres que lean estas demostraciones, por lo menos en la medida en que la
estrechez de mi inteligencia ha podido captar su infinitud; mi espíritu ha estado atento a filosofar correctamente”.
Isaac Newton, físico, astrónomo y matemático inglés (1642-1727), considerado por muchos científicos como el más
grande de todos los tiempos, en cuanto inteligencia e ingenio, no tuvo reparo en dejar escrito: “El orden admirable del
sol, de los planetas y cometas tiene que ser obra de un Ser Todopoderoso e inteligente…; y si cada estrella fija es el
centro de un sistema semejante al nuestro, es cierto que, llevando todos el sello del mismo plan, todos deben estar
sumisos a un solo y mismo Ser… Este Ser infinito lo gobierna todo no como el alma del mundo, sino como Señor de
todas las cosas. Dios es el Ser Supremo, Infinito, Eterno, absolutamente Perpetuo”.
El médico y naturalista sueco Karl von Linneo (1707-1778), considerado como fundador de la Botánica y uno de los
más grandes botánicos de todos los tiempos, que escribió más de 15 relevantes obras, tuvo firmes convicciones
religiosas, como lo demuestran estas sabias palabras de su obra Systema Naturae: “Salía yo de un sueño cuando Dios
pasó de lado, cerca de mí: le vi y me llené de asombro… He rastreado las huellas de Dios en las criaturas y, en todas,
aun en las más ínfimas y más cercanas ¡qué poder, qué sabiduría, qué insondables perfecciones no he encontrado!”.
El físico italiano Alejandro Volta (1745-1827), inventor del electrófono y la pila que lleva su nombre, testimonió: “He
estudiado y reflexionado mucho. Ahora ya veo a Dios en todo…”
El astrónomo francés Hervé-Auguste-Etienne-Albans Faye (1814-1902), hablando de ateísmo dijo: “En cuanto a negar
a Dios, es como si desde aquellas alturas se dejara uno caer pesadamente sobre el suelo. (…) Es falso que la ciencia
haya llegado por sí misma a la negación de Dios. Esta se produce en ciertas épocas de lucha contra instituciones del
pasado. Así se encuentran algunos filósofos ateos en la decadencia de la antigua sociedad grecorromana. A fines del
siglo XVIII y aún hoy seguramente, porque es propio de la lucha, pronto volverán los espíritus a las verdades eternas,
muy asombrados, en el fondo, de haberlas combatido durante tanto tiempo”.
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El checo Gregor Johann Mendel (1822-1869) fue fraile agustino, padre de toda la genética y de gran parte de la
biología actual, con su vida religiosa sin muchas palabras practicó su fe cristiana sin contradicciones con su ciencia.
El químico y bacteriólogo francés Louis Pasteur, (1822-1895), fundador de la asepsia y antisepsia modernas, quien no
tenía reparo en rezar su rosario mientras viajaba en tren a pesar de las burlas de algunos “universitarios” pedantes que
sin saber quién era pensaban que era un simple campesino ignorante, decía: “Yo te aseguro que, porque sé algo, creo
como un bretón; si supiera más creería como una bretona” (haciendo referencia a que su ciencia no contradecía la fe
de un simple campesino).
El ingeniero alemán, luego nacionalizado americano, Wernher von Braum (nacido en 1912), autor del emplazamiento
en órbita del primer satélite estadounidense Explorer I, llamado “rocket genius”, el genio de los cohetes, que trabajó
como directivo en la NASA, en los proyectos del cohete Saturno y en el proyecto Apolo (cohete tripulado a la Luna),
poseyó un profundo sentido religioso: “Los materialistas del siglo XIX y sus herederos los marxistas del siglo XX nos
dicen que el creciente conocimiento científico de la creación permite rebajar la fe en un Creador. Pero toda nueva
respuesta ha suscitado nuevas preguntas. Cuanto más comprendemos la complejidad de la estructura atómica, la
naturaleza de la vida o el camino de las galaxias, tanto más encontramos nuevas razones para asombrarnos ante los
esplendores de la creación divina… El hombre tiene necesidad de fe como tiene necesidad de paz, de agua y de aire…
¡Tenemos necesidad de creer en Dios!”.
El médico francés Aléxis Carrel (1873-1944), ateo convertido en Lourdes ante la vista de un milagro, decía: “Yo quiero
creer, yo creo todo aquello que la Iglesia Católica quiere que crea más y, para hacer esto, no encuentro ninguna
dificultad, porque no encuentro en la verdad de la Iglesia ninguna oposición real con los datos seguros de la ciencia”.
“Yo no soy filósofo ni teólogo; hablo y escribo solamente como hombre de ciencia”.
Pascual Jordan (nacido en 1902) fue un físico alemán, fundador junto con Max Born y Werner Heisenberg de la
mecánica cuántica, al escribir su libro que tituló El hombre de ciencia ante el problema religioso, decía: “No sin razón he
titulado este libro El hombre de ciencia ante el problema religioso. Su intención era explicar cómo todos los
impedimentos, todos los mitos que la ciencia antigua había levantado para obstruir el camino de acceso a la religión
hoy han desaparecido (…)La afirmación de la concepción determinista de que Dios se había quedado sin trabajo en una
naturaleza que seguía su curso regularmente, ha perdido ahora su fundamento. (…) En la innumerable cantidad de
resultados siempre nuevos e indeterminados se puede ver la acción, la voluntad, el señorío de Dios (…) No afirmamos
que la acción de Dios en la naturaleza se haya hecho científicamente visible o demostrable (…) sino que, en lo que
concierne a la fe religiosa, la nueva física ha negado aquella negación: ha probado que son erróneas aquellas
concepciones de la vieja ciencia que habían sido aducidas antes como pruebas en contra de la existencia de Dios”.
El neurobiólogo John Eccles, director del departamento de Bioquímica de la Universidad de Cambridge, decía
hablando del materialismo de muchos científicos: “Creo que el materialismo hipotético es aún la creencia más
extendida entre los científicos. Pero no contiene más que una promesa: que todo quedará explicado, incluso las formas
más íntimas de la experiencia humana, en términos de células nerviosas… Esto no es más que un tipo de fe religiosa; o
mejor, es una superstición que no está fundada en evidencias dignas de consideración. Cuanto más progresamos a la
hora de comprender la conformación del cerebro humano, más clara resulta la singularidad del ser humano respecto a
cualquier otra cosa del mundo material”.
Henry Margenau, colaborador de Einstein, Heisenberg y Scheoedinger, físico de la Universidad de Yale, fundador de
tres importantes revistas científicas, ocho doctorados honoris causa, presidente de la American Association of the
Philosophie et Science, decía: “Casi todo el mundo admite claramente que el Universo ha tenido un comienzo y aunque
hay algunos, como Carl Sagan, que en astronomía son vivamente antirreligiosos, otros, como Robert Jastrow, que
trabajan en el mismo campo, no lo son. Y Jastrow es más prestigioso que Sagan como científico y como físico. Sagan
es un publicista, Jastrow es un físico que ha investigado la materia de la que habla. Y Jastrow es un hombre religioso”.
John von Neumann, matemático húngaro (1903-1957), hijo de un rico banquero judío, considerado por muchos como
la mente más genial del siglo XX, comparable solo a la de Albert Einstein, participó activamente en el Proyecto
Manhattan, el grupo de científicos que creó la primera bomba atómica, participó y dirigió la producción y puesta a punto
de los primeros ordenadores y, como científico fue asesor del Consejo de Seguridad de los Estados Unidos en los años
cincuenta; es el creador del campo de la Teoría de Juegos (un campo en el que trabajan actualmente miles de
economistas y se publican a diario cientos de páginas) y además las formulaciones matemáticas descritas por él
sirvieron de base para la teoría de la utilidad para resolver problemas del Equilibrio General. En 1937 publicó A Model
of General Economic Equilibrium, del que E. Roy Weintraub dijo en 1983 que era “el más importante artículo sobre
economía matemática que haya sido escrito jamás”. Este científico hacia el final de su vida se convirtió al catolicismo.
Y termino con este texto del científico italiano Enrico Medi: “Cuando digo a un joven: mira, allí hay una estrella nueva,
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una galaxia, una estrella de neutrones, a cien millones de años luz de lejanía. Y, sin embargo, los protones, los
electrones, los neutrones, los mesones que hay allí son idénticos a los que están en este micrófono (…). La identidad
excluye la probabilidad. Lo que es idéntico no es probable (…). Por tanto, hay una causa, fuera del espacio, fuera del
tiempo, dueña del ser, que ha dado al ser, ser así. Y esto es Dios (…). El ser, hablo científicamente, que ha dado a las
cosas la causa de ser idénticas a mil millones de años-luz de distancia, existe. Y partículas idénticas en el universo
tenemos 10 elevadas a la 85a potencia… ¿Queremos entonces acoger el canto de las galaxias? Si yo fuera Francisco
de Asís proclamaría: ¡Oh galaxias de los cielos inmensos, alabad a mi Dios porque es omnipotente y bueno! ¡Oh
átomos, protones, electrones! ¡Oh canto de los pájaros, rumor de las hojas, silbar del viento, cantad, a través de las
manos del hombre y como plegaria, el himno que llega hasta Dios!”.