martes, 13 de abril de 2010

Parra

Los sueños a veces puede anticipar ciertas experiencias somáticas premonitorias.

Por ejemplo, Yamila T., de 20 años, relata: “Una vez soñé que estaba caminando por la calle y me encontraba con mi hermano desesperado, ya que lo corrían seis personas tratando de golpearlo. Yo lo ayudo, sin embargo, termina en golpiza para él, ya que yo logro escaparme. Al despertar, me entero que mi hermano, quien había salido esa misma noche, se había peleado en un bar. Había recibido un golpe en la cabeza.” En otro sueño, Yamila experimentó otra premonición: “Vi a un amigo mío morir. Hace una semana que no lo no veía. Al despertar, yo tenía un fuerte dolor en el abdomen y alta temperatura. Pocas horas después, recibo un llamado comunicándome que esa misma noche había muerto de un disparo en el abdomen en la puerta de un bar.”

Los escépticos tienden a apoyarse en dos argumentos:
(1) la posibilidad de coincidencia, y
(2) la probabilidad de que a cierto nivel no consciente, el soñador sepa mucho más, y tenga mucha más percepción que la que realmente tiene.

De acuerdo con esto, los intereses del conocimiento quedan salvaguardados cuando, enfrentados con un problema, buscamos la solución que parece menos absurda a la razón. En el caso de los sueños que parecen paranormales, el principio se inclinaría por la idea de la coincidencia, el inconsciente en su acción desconocida o incluso la mentira cínica o el fraude; soluciones más aceptables para la razón pura que la clarividencia. Sin embargo, dichas explicaciones aceptables son incluso más improbables que la explicación paranormal.

Ciertos sueños premonitorios no aparecen disfrazados de símbolos, sino por el contrario, tienen un carácter realístico, aun si se tratan de sucesos triviales. En un taller, Carlos, de 35 años, describe la siguiente experiencia:


“Soñé con el velorio de una persona. Yo llevaba puesto un suéter rojo. Velaban a una persona a quien no veía la cara, no me sentía triste. Luego de estar dentro de la sala velatoria, salí hacia el exterior a fumar y me llamaba la atención un auto que se encontraba estacionado en la puerta de color celeste. A la semana fallece la tía de mi novia y la acompaño al velorio. Después de un rato de estar en la sala, salgo y cuando veo el auto en la calle, recuerdo mi sueño y automáticamente me doy cuenta que tengo puesto el mismo suéter que tenía puesto en mi sueño.”


Lelia, de 52 años, tuvo un sueño particularmente interesante en relación con un crimen político:


“Soñé con una persona llamada Luís y que tenia que encontrarse con otro llamado Mario. Pensé que podía tratarse de Luís, mi ex-marido, o Mario, un amigo de mi ex marido, pero no eran ni uno ni el otro. En el sueño yo miraba desde una ventana hacia la calle y vi gente que venia corriendo. Yo estaba lejos de esa escena, con gente desconocida para mi. Había una actitud de discusión muy violenta. No recuerdo su rostro, pero era un hombre cabello castaño oscuro. Esta persona iba con traje y corbata, y aparecía en mi sueño la palabra PARAGUAY. Me sorprendió muchísimo porque no conocía a esa persona. Desperté a las 9:00 y cerca del mediodía, supe que habían asesinado al vise-presidente del Paraguay, que se llamaba Luís Maria Argaña.”


Algunas personas descubren –por lo general de modo accidental– que han experimentado un sueño virtualmente idéntico, quizás al mismo tiempo. En esta variedad, dos o más personas parecen experimentar los mismos acontecimientos y tener imágenes semejantes. Maria Rosa, de 27 años, relata la siguiente experiencia:

“Una noche dormí en una habitación donde compartía mi cama con la hermana del novio de mi amiga, llamada Eva. En mi sueño me encontraba en una casa donde aparecía un espíritu maligno que intentaba salir de un espejo y a la vez atraerme hacia éste. Empecé a pedir ayuda y apareció en mí sueño Eva, y me ayudó a enfrentarme al fantasma para que no me hiciera daño. Cuando desperté, en el desayuno, Eva me dijo que había soñado conmigo. En su sueño me dijo que había un fantasma y que ambas luchábamos contra él. Yo le conté que la había metido en mi sueño para que me ayudara. Ambas quedamos muy sorprendidas.”


Hay dos tipos de sueños que se pueden clasificar dentro de esta categoría: el sueño mutuo y el concurrente. En ambos casos, dos o más sueños de personajes y actividades son semejantes; en el sueño mutuo, en cambio, los soñadores procuran intencionalmente experimentar un sueño compartido por incubación, programando soñar sobre el mismo tema o personaje. Sin embargo, en los sueños concurrentes, los soñadores no tienen la menor idea de su contenido, ocurre en forma espontánea y pueden ambos estar durmiendo juntos o separados miles de kilómetros.


Los sueños compartidos parecen ser mucho más comunes de lo que nos imaginamos, de hecho en nuestra encuesta (ver Anexo 1) parece ser la experiencia del 41% de nuestra muestra. Las implicaciones teóricas son interesantes. ¿Son causados por sueños que utilizan un símbolo común que representa un pensamiento similar que concierne a algo que sucedió en el día? ¿O hay algún tipo de telepatía entre los soñadores? ¿O puede una parte de la conciencia actualmente entrar en la mente de otro?

Estas preguntas esperan una respuesta.

El novelista Rider Haggard tuvo una experiencia onírica por la que creyó recibir un aviso telepático de su perro. Lo vio echado sobre su costado en una espesura, a la orilla de un río. Estaba sufriendo y parecía ansioso de comunicarse con él: “Mi propia personalidad –escribió Rider Haggard– en una forma misteriosa, parecía levantarse del cuerpo del perro, que sabía con toda seguridad que era Bob y no otro... En mi visión, el animal intentaba hablar conmigo con palabras y, no siéndole posible, transmitió a mi mente, de modo no identificado, el conocimiento de que estaba agonizando. Luego, todo se desvaneció y me desperté al oír a mi mujer preguntando por qué diablos hacía aquellos horribles y misteriosos ruidos.”

Al día siguiente contó su experiencia a cinco amigos, mientras tomaba el desayuno. Por la tarde se enteró de que el perro había desaparecido. Todos recordaron el sueño y al instante salieron en su búsqueda. Cuatro días más tarde apareció su cuerpo en una presa, junto al río. Indagaciones posteriores llevaron a la conclusión de que el perro había sido golpeado y atropellado por el tren al cruzar un puente sobre el río a las 11 de la noche del sábado anterior. Se pudo averiguar, tras las huellas, que el animal, al principio, se había echado sobre unas cañas que había junto a la orilla del río y que más tarde había sido arrastrado por la corriente. No fue posible conocer el momento preciso de su muerte, pero pudo muy bien haber coincidido con el sueño de Rider Haggard, a la una de la madrugada, casi dos horas después del accidente.

La mayoría de los hombres de ciencia modernos se muestran reacios a aceptar como evidentes los casos espontáneos de clarividencia y telepatía y, por tanto, que tales fenómenos sean verdaderos. Si existen se les podría estudiar bajo condiciones controladas y producirlos a voluntad, sin embargo, la clarividencia y la telepatía parecen depender de la fuerte unión entre el receptor del mensaje y el emisor, dada la importancia intrínseca del material en juego o de la combinación de ambos factores. Por lo tanto, no parece probable que su producción en el sueño pueda regularse y observarse de modo sistemático.

“En mis sueños, mi hermano, a quien veo muy rara vez –relata una soñadora, ST de 45 años, que presenta frecuentemente sueños premonitorios– me dice que tenemos que hablar para resolver los trámites sucesorios pendientes sobre la herencia de nuestro padre (algo desatendido por décadas). Por la tarde mi hijo me dijo que mi hermano había telefoneado para decirme que tendríamos que ir dándole final a los trámites sucesorios de nuestro padre.”


Aunque en los sueños premonitorios parece haber alguien afectivamente vinculado, hay muchas excepciones que demuestran que podemos estar simplemente “alertas” a situaciones que afectan a la sociedad o comunidad en la que convivimos, aunque no nos afecte de manera directa. Charo de 30 años, recuerda un sueño premonitorio:


“Mi pueblo no supera los dos mil habitantes. Soñé con un chico de mi pueblo, que había muerto en un accidente automovilístico dos años antes. En mi sueño él caminaba por la vereda de enfrente acompañado de tres personas a quienes no podía ver. Ellos caminaban en un sentido, yo en el contrario. Al día siguiente, me sorprendió saber que que había ocurrido algo muy grave aquella madrugada. Tres jóvenes de mi pueblo se habían matado en un accidente automovilístico. No era el chico que había visto en mis sueños, pero fue quien me avisó del suceso porque eran amigos de él.”


El viernes 21 de octubre de 1966, la población de Gran Bretaña fue bombardeada con las noticias de una tragedia espantosa. Esa mañana, a las 9:15 Hs., en el pequeño pueblo minero galés de Aberfan, una montaña de carbón se había desprendido y precipitado como una avalancha, sepultando la escuela. Los escombros alcanzaban el medio millón de toneladas y su resquebrajamiento se debió a una lluvia incesante que había caído durante dos días. Más de 140 personas, la mayoría niños que acababan de reunirse para sus tareas escolares, hallaron la muerte bajo el negro alud.

Una de las niñas muertas, Eryl Mai Jones, de nueve años, había contado a su madre el día anterior un sueño extraño: cuando se dirigía a la escuela –ésta había desaparecido; una masa negra la había sepultado. Aquella noche del día 19, otras personas de diversas partes de Inglaterra tuvieron sueños semejantes que parecían contener premoniciones sobre algún desastre. Una mujer soñó que una montaña se derrumbaba, mientras un niño corría entre gritos desgarradores. Otra persona vio a un niño gritando en una cabina telefónica, junto a una enorme masa negra que se levantaba como una ola gigantesca. Un tercero tuvo la visión de una escuela llena de niños vestidos con sus típicos trajes galeses, elevándose al cielo. Un hombre de edad avanzada contempló la palabra ABERFAN, con cada letra separada y enfocada por una viva luz, a pesar de que en aquel momento no conocía la existencia del pueblo, y por tanto dicho vocablo no podía sugerirle significado alguno.

Después de la tragedia, la prensa lanzó una campaña investigadora para lograr información sobre las premoniciones del desastre, revelando que, al parecer, mucha gente había previsto el suceso, a través de sus experiencias oníricas, semanas antes de que ocurriera. Una mujer había soñado con niños gritando al ser enterrados por una avalancha de carbón en un pueblo minero. Otra vio “cientos de caballos negros que bajaban precipitadamente por una colina arrastrando carrozas fúnebres. El 17 de octubre, un joven de Kent despertó con la vaga sensación de una catástrofe inminente que le duró el resto de la semana. Dijo a una compañera de oficina: “El viernes va a suceder algo terrible y mortal.”
Otro soñante contó a su mujer algo parecido: durante dos días su mente giraba en torno a una inmensa mole de escombros de carbón, y dibujó un esquema con una cabeza rodeada de una nube negra. Otra contempló una escuela en un valle y un alud de carbón precipitándose por una montaña, al fondo, la gente estaba cavando la sepultura para las víctimas; uno de los trabajadores llevaba un sombrero de copa y en medio de la escena aparecía un chiquillo aterrorizado, con el pelo formando flequillo. Tres días más tarde, al enterarse por el reportaje de televisión sobre las operaciones de rescate, vio la escena de su sueño, incluyendo al hombre con el extraño sombrero y al pequeño con su flequillo.

Un psiquiatra londinense, el Dr. J. C. Barker, se encargó de realizar la encuesta después del suceso. Tras rechazar muchas de las experiencias relatadas, encontró unas 60 a las que consideró como auténticas y dignas de crédito. De ellas, 36 eran premoniciones oníricas, Barker concluyó que no se precisaban más pruebas de los sueños precognitivos, y que ya era tiempo de que se hiciera un intento serio de emplear esta extraña facultad humana para evitar desgracias futuras. Tuvo la idea de sugerir que la gente enviase sus experiencias oníricas, relacionadas con el futuro, a una dirección central de estudio y esclarecimiento, donde una computadora se encargaría de detectar la frecuencia y modelos en el cúmulo de información. En este sentido, podría idearse un rápido sistema de alarma capaz de impedir o reducir los efectos de una catástrofe como la de Aberfan. A partir de la iniciativa del Dr. Barker, se creó en Londres la British Bureau of Premonitions, en 1967 y, al año siguiente, otra análoga en Nueva York. La existencia de estos centros no es aún bastante conocida para atraer la cantidad de información que el Dr. Barker esperaba. Sin embargo, cuentan con un material impresionante de casos de premonición que han tenido su cumplimiento real en los últimos años. La aplicación práctica de esta rara facultad humana de prever el futuro en sueños puede que algún día se realice de modo sistemático, en especial cuando se llegue a acumular mayor cantidad de evidencias sobre el particular.

Aunque el material acumulado sobre los sueños premonitorios se ha tomado generalmente al azar, algunos investigadores han llevado a cabo una labor sistemática; entre ellos Hans Bender (1907-1991) psicólogo profesor de la Universidad de Friburgo, quien realizó dos estudios detallados de los sueños de precognición. Uno de ellos se basa en las experiencias oníricas de la gente durante la segunda Guerra Mundial. El otro se refiere a los importantes sueños sobre su futuro que la actriz Christine Mylius recopiló durante más de veinte años.

Entre los que se relacionan con la segunda Guerra Mundial, Bender narra un extraño caso de sueño recurrente cuyo contenido se materializó 27 años más tarde. Dos semanas después del nacimiento de su hijo, en 1919, una madre alemana tuvo un sueño intenso en el que aparecía ella paseando por una playa desconocida, buscando a su hijo Hans. Arañaba la arena con los dedos, porque sabía que el fruto de sus entrañas estaba enterrado en algún lugar cerca de allí. Mientras persistía su experiencia onírica, emitía gritos tan frenéticos que su marido trató de despertarla. Antes de estar completamente consciente exclamó: “Debes ayudarme a encontrar a nuestro hijo; yace junto al mar, bajo la arena.” Al principio no se dio importancia a esta pesadilla, pero se volvió a repetir. A medida que el niño crecía, el sueño volvía a asediar a la madre una y otra vez; la escena principal representaba siempre la búsqueda del cuerpo de su hijo entre las arenas de una playa desconocida.

Llegó la guerra, y Hans tuvo que enrolarse en las filas del ejército alemán. Al terminar la gran hecatombe, fue internado en un campo de concentración francés, donde murió en 1946. Los intentos de la madre por buscar su cuerpo enterrado se vieron felizmente coronados al recibir una carta de dos camaradas que habían vivido con él hasta el día de su muerte. La misiva decía que la tumba de Hans estaba en la zona arenosa cerca de Fort Mahon, a unos 800 metros del mar. Es raro encontrar sujetos que tengan sueños premonitorios de modo repetitivo; pero el Dr. Bender descubrió uno en Christine Mylius. A través de los años ha recopilado más de 2000 sueños en su Instituto, y se ha llegado a demostrar que muchos contienen elementos auténticamente precognitivos. En 1957 y 1958 la actriz tuvo una serie de experiencias oníricas que parecían piezas de una historia, en la que el mar se hallaba siempre presente. Una vez estaba bañándose con otras mujeres y sus niños. Uno de ellos se metió en el agua, despertando sus temores de que se ahogara. En otra, un cámara intentaba filmarla mientras nadaba y ella le dijo: “No vale la pena”. En una tercera experiencia aparecía una langosta gigante que se iba a servir en una fiesta de sociedad, a la que acudiría mucha gente. La actriz comunicaba dichos sueños en un informe dirigido al Dr. Bender cada dos semanas, y luego los olvidaba.

En 1959, Christine Mylius recibió un papel en el filme La noche cayó sobre Godynía. En la película, un buque que transportaba mujeres y niños refugiados era torpedeado en el Báltico. El primer sueño del niño ahogado corresponde a una escena de la película, en la que hacía el papel de madre que perdió a su hija después de ser torpedeado el buque. El que hace alusión al cámara que intentaba filmarla, le vino también a la mente cuando, después de tres tomas exhaustivas de una escena bajo el agua, al hundirse el barco, esta secuencia fue cortada de la cinta: “No había valido la pena el esfuerzo. Finalmente, el sueño de la gran langosta que se serviría en la fiesta sí que tuvo realidad en la película. Algunos de los buceadores regresaron con una langosta de 5.5 Kg. que sería la suculenta cena de los artistas y la tripulación. Estos y otros muchos detalles oníricos referentes a la película y su rodaje fueron archivados en la carpeta de Mylius, en el Instituto del Dr. Bender, un año antes de que se redactara el guión y dos antes de que rodaran las primeras escenas del filme.

L.E. Rhine comparó los fenómenos telepáticos manifestados en intuiciones, en sueños “realistas”, en sueños “no-reales” y en experiencias alucinatorias y llegó a la conclusión de que los mensajes telepáticos registrados en las alucinaciones “son, en realidad, efectos secundarios que surgen en la formación de la experiencia intuitiva”, y que la diferencia clave entre las imágenes telepáticas de los sueños realistas” y de los no-reales” está representada por el hecho de que “en los últimos esas imágenes se basan en una idea sugerida por las noticias, más que en el significado directo de esas noticias.”

Aquí presento dos ejemplos de sueños extrasensoriales. En el primero, Maria C. de 27 años, relata:

“En mi sueño yo llegaba a la casa de mi tía y había un cuerpo en el piso del patio, cubierto con una sabana, y detrás de mí entraban dos camilleros de uniforme verde. Le pregunté a mi tía de quien era el cadáver, y ella me responde: “Es mi abuela". Yo le decía que mi abuela hacia años que había muerto, que no podía ser, y ella lloraba y me decía que sí. Me desperté muy angustiada y la llamé. Me dijo que aquella noche su vecino se había suicidado, su cuerpo había sido cubierto con una sabana blanca, su cuerpo estaba en el patio, y lo llevaron dos camilleros con uniforme verde.”


En el segundo caso, la misma soñadora presenta la siguiente experiencia:

“Soñé que mi hermano iba en su moto y era atropellado por un tren. Yo llegaba y él estaba despedazado, sus miembros desparramados por todas partes. El me gritaba que arme su rostro, entonces yo tomaba su cara y trataba de armarlo…Me desperté angustiada. Llamé por teléfono a su casa y me atiende su tía, quien me cuenta que esa misma mañana había tenido un accidente viajando en moto. Mi hermano salió ileso, sólo tuvo un fuerte golpe en el pecho.”


En ambos casos es interesante el hecho de que sus premoniciones, reveladas en sueños, aparecen simbolizadas. En el primer caso, el vecino se transforma en “la abuela” si bien otros elementos del sueño se mantienen intactos, como los dos enfermeros uniformados y la sabana blanca; en tanto que en el segundo caso, la soñadora simbolizó la premonición del accidente de su hermano bajo la forma “miembros despedazados” que ella debía unir.

Una joven llamada Sonia me relató hace cinco años una experiencia de anticipación de muerte. Su sueño estaba en relación con la muerte de su primo:

“Soñé con un niño que identifiqué como mi primo. El y yo estábamos en una balsa y me decía que lo debía llevar a la luz, pero que tenía miedo y yo estaba allí diciéndole que se quedara tranquilo que iba estar bien porque a donde iba era lo mejor para él. Antes de llegar al final, me pidió que le dijera a su madre que se quedara tranquila, que yo tenía que ser la unión entre él y adónde debía llegar. Me desperté restándole importancia a ese sueño. Por la tarde, recibí un llamado diciéndome que mi primo había fallecido en un accidente con la electricidad.”


Otras experiencias pueden ser interpretadas como experiencias de encuentro espiritual o alguna forma de percepción extrasensorial. En cualquier caso, hay una forma de “saber psíquico” cuya fuente es difícil de identificar.

José María, de 35 años relata la siguiente experiencia:

“En mis sueños veo muy claramente a una mujer joven. Solamente la vi dos veces en mi vida, nada más. Su esposo me contrató para un documental que debía rodar en pocas semanas. Veo a esta mujer flotar sobre un fondo negro. Su desplazada como “en cámara lenta”, vestida con un tul blanco que la envolvía. La mujer parecía feliz. El sueño no me perturbó, pero desperté a las cuatro de la madrugada. Al mediodía de ese mismo día, al regresar a mi casa, pasé por una de las dos casas funerarias de la ciudad. Veo mucha gente conocida, entre ellos al marido de la mujer con la que soñé, que estaba llorando. Le pregunté a una persona conocida que había sucedido. Uno de ellos me comenta que aquella mujer se había suicidado esa misma madrugada… a las 4 aproximadamente.”


En estudios transculturales, los sueños (precognitivos o telepáticos) rondan el 64% de los 7119 casos de Rhine, 63% de los 1000 casos reportados por Sannwald, 37% de los 300 casos analizados por Green; 52% de las 900 experiencias de escolares en India estudiados por Prasad y Stevenson, y el 38% de varios cientos de casos recogidos por Hanefeld, y considerados como paranormales.

Los psicólogos argentinos Daniel Gómez Montanelli y Alejandro Parra administraron una encuesta similar en individuos creyentes en lo paranormal/trascendental y la compararon con una muestra de estudiantes universitarios. También examinaron si éstas habían resultado perturbadoras y en qué grado. Más de las dos terceras partes indicaron haber tenido experiencias telepáticas y percepción extrasensorial en sueños (80% y 70%, respectivamente), experiencias fuera del cuerpo y contacto espiritual (71% y 77%, respectivamente), y el recuerdo de vidas pasadas (64%). También encontraron que casi las dos terceras partes de los encuestados indicó que al menos una de sus experiencias, al menos en vigilia, había resultado perturbadora (en contraste con experiencias paranormales “benignas”), particularmente los estudiantes. El 40% recurrió al consejo de un pariente y –aunque en menor proporción– al de un psicólogo y un religioso. Sorprendentemente, el 80% no consultó.

Este artículo en una versión abreviada del libro “El Mundo Oculto de los Sueños”
(Ed. Kier, 2009). Puede ser adquirido en www.kier.com.ar


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Instituto de Psicologia Paranormal
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Alejandro Parra es psicólogo, psicoterapeuta. Doctor en Psicología en la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES) de Buenos Aires y Presidente del Instituto de Psicología Paranormal(www.alipsi.com.ar).
Consultado regularmente por diversos medios de prensa, grafica radial y TV, locales y extranjeras, es autor de varios libros, entre ellos
Sueños: Cómo interpretar sus mensajes
y
El Mundo Oculto de los Sueños, ambos de Editorial Kier de Buenos Aires
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Ha sido galardonado con el «Excellence Award» al mejor investigador en parapsicología de América Latina por FAEPLA (Barcelona).